
El gobierno mexicano
se mueve decididamente con políticas públicas para propiciar empleos y
crecimiento, ante el contexto mundial crecientemente recesivo que se vive.
Algunas acciones, como las de vivienda, están ya favoreciendo los objetivos
sociales establecidos, mientras que otras aguardan todavía a que se den los
acuerdos políticos con los partidos de oposición, para iniciar operaciones y
surtir sus efectos favorables.
Las acciones en políticas de vivienda
son un claro ejemplo de ese proceso, en un sector de suma importancia para la
generación de empleos y la satisfacción de metas entrañables de las familias
mexicanas. Recordemos las actuaciones en esa materia apenas iniciada la
Administración del presidente Peña Nieto.
La nueva Secretaría de Desarrollo Agrario,
Territorial y Urbano (Sedatu), que anunció sus políticas de propiciar viviendas
cercanas a las zonas urbanas establecidas en polígonos de vivienda, para contar
con servicios urbanos. La Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y
Promoción de la Vivienda (Canadevi), con su representación y defensa de las 900
constructoras privadas, y el banco de desarrollo —eje y promotor de ese sector—
Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), con sus nuevos mecanismos de apoyo
financiero para las viviendas en todas sus etapas: desde la construcción hasta
su apoyo al financiamiento para la adquisición.
Todo ello ocurrió en el inicio de un
contexto recesivo, en el que sociedades financieras vivienderas mexicanas
entraron en crisis como parte de la recesión vivida en todo el mundo, a partir
de finales de 2007. Pero afortunadamente las condiciones de la economía
mexicana han mejorado, no obstante que en gran parte del resto del mundo han
seguido pasando momentos difíciles.
Ahora tenemos una política activa que
promueve la disponibilidad de créditos para la construcción de viviendas y
subsidios para las de interés social en el país gozando todas de los servicios
urbanos, no obstante que un reducido número (3) de desarrolladoras entraron en
crisis, por sus grandes deudas y dificultades para pagar.
Hubo muchos temores, al principio, por
el ruido de la crisis de las grandes desarrolladoras, haciendo dudar que se
cumpliera con la meta de edificar 500 mil viviendas anuales, cuando al primer
trimestre apenas había un retraso de 7% en esa meta, no obstante que la
estacionalidad normal sitúa hasta el segundo semestre de cada año la gran
aceleración de construcción de viviendas.
Esperamos ahora que los procesos de
decisión política avancen rápidamente en sus negociaciones para que tanto la
reforma financiera como la reforma energética —ambas fundamentales para activar
la economía mexicana y su generación de empleos— empiecen a surtir sus efectos
benévolos.
Después vendrán las otras reformas que
comprenderán el complejo vital de reformas económicas y sociales, como las de
seguridad social universal, determinadas para beneficiar a México y la calidad
de vida de nuestra población.
(*) Presidente del Colegio Nacional de Economistas,
Federación de Colegios de Económistas, A.C.
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