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SU NOBLEZA GRABADA EN
NAVOJOA
·
VIO BAJAR CADAVER DEL
GRAL OBREGÓN
Rafael Zúñiga Mátuz
ETCHOJOA, Sonora, mayo 20 de 2013.- Plutarco Elías Calles salió de la casa de Obregón para
dirigirse a la Inspección General de Policía. En la oficina de Roberto Cruz
entrevistó personalmente al asesino José de León Toral, acompañado por los
generales Joaquín Amaro y Abundio Gómez. Preguntó quién lo había mandado a
cometer el crimen, a lo que Toral respondió que no quería cambiar su
declaración inicial en el sentido de que había obrado solo, y que lo había
hecho para lograr que “Cristo nuestro señor pueda reinar en México”. El
presidente solamente expresó: ¿“Qué clase de reino es ése?” Además lo cuestionó
sobre las razones de no haber procedido primero contra el presidente y no con
Obregón, a lo que Toral respondió que era indispensable destruir los cimientos
para que cayera el edificio, única forma de extirpar la persecución religiosa…
…A las 11 de la mañana del 18 de julio de 1928 inició
la última guardia del presidente Calles, junto con familiares y amigos del
difunto. Ricardo Topete, Sáenz, Manrique, Ponce de León y Orcí fueron los
encargados de cargar el ataúd para llevarlo al patio central de Palacio e iniciar
el recorrido a fin de conducirlo a la estación de ferrocarril con servicio
funeral de la agencia Gayosso. Detrás de la carroza figuraba el presidente Plutarco
Elías Calles junto con Sáenz y Amaro, miembros del Centro Director Obregonista,
del Colegio Militar y del Estado Mayor Presidencial.
El inicio del recorrido fue Palacio Nacional, la Catedral, avenida Madero y luego avenida Juárez, donde se detuvo para recibir homenaje en las oficinas del Centro Director Obregonista. Sáenz dijo unas palabras muy emotivas acerca del caudillo, de su servicio a la patria, de su protagonismo como baluarte de la Revolución. Continuó hasta la estación Colonia de ferrocarril, donde se encontraba arreglado un vagón como capilla ardiente. Ahí Manrique pronunció otro discurso exaltando la figura de Obregón y su contribución a la historia revolucionaria, que había sido coartada por el artero crimen que requería la mano firme de la justicia. La banda del Estado Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina ejecutó el Himno Nacional, dando pie a que arrancara el tren color olivo con destino a Sonora que quedó bajo las órdenes de los generales Benito Bernal y Agustín Cisneros, con una avanzada de fuerzas que iba en otro tren.
A las 7 de la mañana del día 19, el convoy con
los restos de Obregón llegó a Guadalajara, desarrollándosele un homenaje
oficial con honores militares por espacio de una hora. Dos días después el tren
llegó a la población de Navojoa. Los familiares decidieron trasladar los restos
del ex presidente Obregón a Huatabampo, para enterrarlos junto a los de su
señora madre.
(Pablo Serrano Alvarez
1953-2007, Historiador del Instituto Nacional de Estudios de las Revoluciones
en México)
Hablar
-del Barón- es recordar al hombre más
servicial y noble que se haya criado en Navojoa a partir de 1928. Su condición
humilde y carismática, junto con su profesión de peluquero, le dio para
mantenerse en la pujante sociedad del valle del mayo, expresó orgulloso quien
se autonombra hijo adoptivo del finado caballero, el señor Porfirio –Pío-
Valdez Carrillo.
A
Víctor Bastidas Lafargue se le puso el apodo de –El Barón- por sus facciones y
su porte elegante, siempre vestido de la mejor manera, y con su modo de amplio
criterio caía bien con quien platicara. Hizo muchos amigos desde que llegó a
Navojoa en 1928 procedente de El Quelite, Sinaloa, relata Don Pío, y, lo que se
le quedó bien grabado en la memoria, fue que tenía dos días en -La Papalotera-
cuando en la estación del ferrocarril observó El Barón que descendían el
féretro con los restos mortales del General Álvaro Obregón Salido, su doble actividad
para ayudar a la familia era vender -petróleo lila y el periódico Mercurio- a
los comerciantes y ricos de Navojoa, y como todo chamaco se arremolinó junto
con los demás transeúntes que se hallaban en la famosa rielera a quienes les
llamó poderosamente la atención por ser acontecimiento nacional.
-El
Barón- Bastidas por azares del destino se topó con Pedro Belderraín, peluquero
famoso de la comarca a quien apodaban –El Chapo- y que, cada vez que se
apersonaban los jorocones de la revolución de 1910, -les hacía el pelo- y los afeitaba,
tanto al General Obregón como a Fausto Topete; él, fue maestro de Víctor Bastidas
y cual si fuera generacional, él me enseña el arte de usar las tijeras al grado
de enamorarme de esta profesión que me ha dado la dicha de forjar a mis hijos con
los estudios universitarios, evoca don Porfirio Valdez.
Dentro
de su anecdotario se encuentra el haber sido el barbero particular del papá de
María Félix, la Diva de México, cual tenía su residencia en calle Guerrero
entre Pesqueira y Otero, precisamente donde se encontró tiempo atrás la escuela
de la profesora Dolores Cuitre y que por hoy está auto refacciones del Mayo,
prosigue el bien ponderado “maistro” de la tijera Pío Valdez.
Otro
de los recuerdos del entrañable amigo que se nos adelantó al más allá, dice don
Porfirio, es que en la efervescencia política del momento, -El Barón- encabezó
en Navojoa la candidatura de Ricardo Topete que quiso ser gobernador de Sonora,
y quienes se le sumaron en dicha empresa fueron Armando Reina y Víctor Hugo
Pablos, eso habla del carisma e inteligencia del sinaloense-sonorense pero, donde
de plano no la hizo, teniendo debut y despedida fue en el boxeo; comenta El Pío
que subió al ring con porte y elegancia, jugando cuerdas resplandecía su rostro
por la vaselina al hacer calistenia antes de sonar el primer campanazo pero por
la fuerza del derechazo de su contrincante colocado en la mandíbula mando al
Barón a la lona que ya no se levantó hasta al rato del conteo final por el
réferi. El noqueador fue ni más ni menos -El Negro Santacruz- joven que se
dedicaba a ganarse la vida de maletero de cuanto turista o empresario llegaba a
Navojoa hospedándose en el hotel Aguilera que estaba por la Juárez y Morelos.
Fue la pelea mas mentada que la misma Segunda Guerra Mundial e hizo amistad con
los promotores Oscar Romo y Ernesto Navarro, el primero, papá de doña Irma de
Quiroz.
Don
Víctor Bastidas Lafargue se matrimonió con doña Consuelo Ureña estando siempre rodeados
de sus sobrinos Rubén, Guillermo, Arturo, Rodrigo, Blanca, María Luisa y
Ofelia, todos Ochoa Bastidas que residen en San Ignacio Cohuirimpo, sin
embargo, no se debe desdeñar el gran cariño que le guardan por siempre la
familia Patiño Domínguez y quien se considera su hijo adoptivo, don Porfirio
–Pío- Valdez Carrillo. Descanse en paz el peluquero más noble y popular de
Navojoa, quien nació el 8 de marzo de 1916 y falleció el 8 de mayo del 2013 a
los 97 años de edad.
Miembro
de la Sección 54 del SNTE
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