¿SONORA QUERIDA, O,
SONORA PERDIDA?
Ricardo Valenzuela
Hace unos días fue
publicada en los diarios nacionales la petición de 60 diputados federales para
llevar a cabo un juicio político en contra del gobernador, Guillermo Padrés. El
motivo es un desorden general en el estado, endeudamiento sin control, nuevos y
draconianos impuestos, los graves enfrentamientos del ejecutivo con la sociedad
civil, y yo me pregunto ¿Qué ha pasado con Sonora?
Mientras los vecinos
estados de Sinaloa y Baja California entran galantemente al siglo 21, Sonora
permanece en la trastienda del oxidado nacionalismo revolucionario.
Los sonorenses
deberíamos repasar el camino que hemos recorrido para arribar a la complicada
situación en la cual nos encontramos. Cómo es que tomamos la cuesta de bajada
de ser un Estado de hombres recios, audaces, conquistadores, vibrante y lleno
de oportunidades, para luego ganarnos el título hoy día de; El Patito Feo del
Norte.
Recuerdo los gloriosos
50s cuando Don Nacho Soto, siendo gobernador y enfrentado con el
congreso, trasladó los poderes del ejecutivo al rancho de mi abuelo.
Sonora brillaba con el toque de los hombres que lo habían dibujado, hombres
formados en la gesta armada buscando la fisonomía diferente para el país.
Sonorenses que exhibían su material cuando, proclamando el Plan de Agua Prieta,
se lanzaban a la guerra para escribir el destino de México.
Había paz y, con el
Desarrollo Estabilizador, prosperidad. Hombres como Carlos Maldonado, Federico
F. Valenzuela, Manuel P. Torres, Jesús Elías, eran solo un puñado de las
legiones de verdaderos empresarios quienes, forjados en la lucha, sembraban el
destino de Sonora. Aun cuando el estado continuaba en la etapa de la Agricultura,
ya desplazada por la Industrial, era un ejemplo nacional de hombres con la cara
ajada por al sol, que orgullosos hablaban de sus explotaciones.
A “los viejos”, como
cariñosamente se les llamaba, les pisaban los talones la segunda generación en
una coordinada comunión de pase de estafeta. Surgían familias iniciando
actividades en conjunto; Los Mazón, Los Tapia, Los Bours, Los Valenzuela, Los
Zaragoza, todos ellos con un serio compromiso para consolidar lo iniciado por
sus antecesores. Álvaro Obregón, miembro de esa segunda generación, estaba a
punto de entregar las riendas del Estado en una de las primeras confrontaciones
que se provocaran ante el cambio, en esta ocasión favoreciendo a Luis
Encinas.
Durante los años 60,
la tercera de generación de sonorenses invadíamos las Universidades
preparándonos para lo que nos aguardaba. A finales de esa década, en el Tec de
Monterrey discutíamos el nacimiento de lo que iniciara la entrega de Sonora al
estatismo: CONASUPO. Nunca logramos entender ese oligopolio enviando a nuestros
agricultores a la dependencia total y a una ignorancia de los mercados. Con la
Reforma Agraria y ahora CONASUPO, el estado cerraba la pinza de las cadenas
para el hombre del campo.
Al inicio de los años
70 emerge un orate sexenal, Luis Echeverría, para arreciar la invasión
gubernamental de un país paralizado. A principios de esa década un suceso
desapercibido por muchos, marcaba ya el destino del Estado. La Unión Ganadera
Regional de Sonora, el orgullo de autonomía y herencia de “los viejos,” era
arrancaba de los manos de hombres miembros de la segunda generación—por una
sociedad de ganaderos estatistas para entregar su control al gobierno.
En 1973 la transición
política era tranquila, y el joven ungido por Echeverría con la candidatura,
Carlos Armando Biebrich, despertaba gran entusiasmo. En este prometedor
panorama sólo había algo que llamaba la atención, una publicación pagada por
Norberto Corella que rezaba: “Sonora con el que le pongan.” Norberto develaba
lo que era una realidad; la primera fase del entreguismo de los sonorenses.
Ante los aplausos de los ya declarados negociantes estatistas, Echeverría
sacrifica a Biebrich para, burlándose de Sonora, enviar la primera importación,
Alejandro Carrillo.
A finales de los años
70 emergían los primeros empresarios estatistas buscando rentas del gobierno en
lugar de ganancias en los mercados. A nivel federal el gobierno se proponía el
desmonte total del país y, a través de su Banco Rural, engendraba uno de los
grandes fraudes de su historia en sociedad con esos nuevos titanes (bandidos
tractorizados) del desmonte y nivelado. Hacia finales de los 70s el rentismo se
había arraigado en el estado y el recuerdo del carácter de “los viejos” era
substituido por “hay que estar en el presupuesto.”
La década de los 80s
sería de una rendición y entrega al gobierno que dura hasta la fecha. Pero
también representaba un cambio que los sonorenses no sospechaban; la apertura
del fortess que se había erigido aislando a México del resto del mundo. Las débiles
señales de Miguel de la Madrid a través de otro importado, Rodolfo Félix
Valdez, nunca fueron escuchadas. El cambio que abrazaba al mundo derribando
fronteras, derribaba por igual los cotos de los sordos sonorenses. A medida que
avanzaba la apertura, el recuerdo de los viejos y sus legados desaparecía para
abrir paso a los nuevos contratistas, en una simbiótica relación con los
políticos arribando del sur.
En los años 80 abre
cabeza de playa otro fatal elemento que nos afectaría profundamente; el narcotráfico.
Llegaría para sustituir las teorías de Keynes incentivando la demanda que para
esas fechas era prácticamente nula. El dinero fácil, los contratistas pegados a
la ubre recibiendo rentas, la rampante corrupción, llegaban igual para aportar
a la confusión de los sonorenses destetados del gobierno. Al finalizar la
década de los años 90, Sonora era un patético recuerdo de aquello que los
viejos habían soñado y construido.
Durante los siguientes
años—Sonora fue cayendo en un remolino de antivalores en el cual se expresaba
más admiración por Hank Rhon que por un Eugenio Garza Sada. Los “empresarios”,
en lugar de montarse sobre la ola, buscaban sobrevivir colgados de las lianas
del gobierno. Se iniciaba algo nunca visto, una fusión de los negocios, la
política y el narcotráfico. Sociedad que continuaba atiborrando al FOBAPROA con
sus pasivos sin pagar, al tiempo que se hacían de nuevos negocios repartiendo
jugosas ganancias asistidas con las cartas marcadas repartidas por el gobierno.
Pero el 2009 finalmente
llegaba el tan ansiado cambio, debutaba el PAN prometiendo expulsar a los
mercaderes. Pero parece que llegaba solo para mostrar el cobre de Cananea. Yo
no creo en los partidos políticos. Yo creo en los líderes valientes.
Sonora requiere un
líder que libere la sociedad civil para reclamar su poder. El único de los
sonantes que entiende desarrollo económico, finanzas sanas, mercados libres,
responsabilidad individual, santidad del estado de derecho, el gobernar no
atropellar, dilapidar ni lucrar. El único con el machete afilado para tirar las
ramas del abuso y la corrupción, se llama Francisco Búrquez ¿En qué partido
milita? No me importa.
elchero@outlook.com
Twetter@elchero
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