Un jumento que parece no ser “tan burro”,
cauteloso,
amistoso, juguetón y querendón
Juan Vidal Castillo
ALAMOS, Sonora, abril 28 dee 2013.- Los burros son equinos típicos, generalmente más pequeños
y con orejas más largas que el caballo doméstico.
Llegaron a Álamos junto con los misioneros españoles, quienes
los traían dándoles la utilización que se les daba en Europa y Asia occidental:
para trasladar cargas, tirar de carros y
transportar personas.
A pesar de no ser tan rápidos como el caballo, tienen una
larga vida, su mantenimiento es menos costoso, tienen una gran resistencia y
son ágiles en caminos deteriorados. Continúan siendo de crucial importancia
económica en muchos países en vías de desarrollo.
Su sentido de auto preservación altamente desarrollado
les ha fabricado una larga reputación de
terquedad y es que créamelo, es difícil forzar a un burro a hacer algo
que contradice sus propios intereses, y ni quien se atreva a obligarlos porque
enojados dicen nuestros rancheros,
“pegan como patada de burro”.
A pesar de que los estudios sobre su comportamiento son
limitados, y aunque raye en lo chusco, “Los burros no parecen ser tan burros”,
ya que poseen bastante inteligencia, además de ser cautelosos, amistosos, juguetones
e interesados en aprender. Una vez que usted se haya ganado su confianza suelen
ser excelentes compañeros en trabajo
y recreación.
Como muestra de “burros no tan burros”, tenemos a
“Gaspar”, un personaje que aunque no tiene ninguna relación con los Reyes
Magos, está súper relacionado con las callejoneadas de Álamos.
Gaspar es un simpático burrito, que a finales de cada Enero,
se convierte muy probablemente en un animal muy fotografiado debido al papel
estelar que asume en los “pasacalles” o “callejoneadas” de la ciudad de los portales.
Y ni la estudiantina, ni el mismo presidente le roban cámara
ya que aunque la estudiantina lleve la voz cantante el lleva “las dos javas con
“el vino sagrado santo alimento”, y no en una sino muchas veces se ha dado el
caso de que “Gaspar” se ha detenido por múltiples circunstancias y la gente a
dejado sola a la estudiantina para esperarlo.
A manera de chascarrillo nos dice su dueño “Antín” que no
puede aplicarse a “Gaspar” el dicho de que “anda como burro en primavera”, ya
que fue castrado a sus 6 años, pero aún así dice, durante las
“callejoneadas” se deja querer por las
damas presentes y es muy solicitado cuando aparecen las cámaras; riéndose
agrega que a quien puede aplicarse el anterior dicho es solamente a él, ya
que a pesar de sus muchas primaveras aún
se conserva solterito.
Gaspar es el sucesor de otro jumento que fue el fundador de las callejoneadas y que falleció
el 7 de Marzo del 2001 a
la edad de 47 años y todos lo llamaban
“El burrito de la virgen” debido a que durante 28 años paseó a la virgen
María durante las posadas de diciembre.
El citado animalito fue comprado de ocho años a José
Acosta Robles en 5 pesos, lo adquirió su
hermano Francisco a quien apodan “ el bolas” y
ambos lo adiestraron como bestia de carga y tiro, era tan aguantador que
le ponían 180 kilos de ajonjolí y él, como si nada. Al fallecer su dueño lloró
amargamente.
Dicho animalito tenía 13 años de participar en las
“callejoneadas”, y cosa curiosa, eran de nobleza tan natural que ni “el burrito
de la virgen”, ni “Gaspar” recibieron
entrenamiento alguno para callejonear.
Pero volviendo al burro “Gaspar” es necesario comentar que
comenzó a trabajar en las callejoneadas
cuando tenía 10 años de edad y era propiedad de
Eusebio Yocupicio quien se los rentaba, después cuando dicho animal tenía 13 años se lo compraron en 600
pesos.
Se ha tomado bastante en serio el papel de ser quien
lleva la bebida, ya que parece que sabe lo que va a suceder cuando lo adornan
con flores de papel crepé y le colocan las dos javas que llevarán el vino tinto
y padre kino, y cosa curiosa, en cuanto va a comenzar el recorrido por los
callejones se mueve de un lado para otro sin control, y “Antín” termina su relato diciendo:
“Claro esto
también me gusta a mí, y las callejoneadas ya son algo muy mío que como decía
José Alfredo, se irán conmigo hasta la muerte” y se retira de por las callejas
de Álamos y muy a la “Sancho Panza” va al encuentro de su fiel compañero.


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