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| Cesar Camacho Quiroz |
César Camacho
@CCQ_PRI
MÉXICO, D.F., marzo 06 de 2013.- Los partidos políticos del mundo entero
están en crisis. Los procesos de desarrollo económico y cultural, en general, y
de masificación de las tecnologías de la comunicación en particular, han
contribuido a que las sociedades sean cada vez más complejas, urbanizadas, informadas, inestables y exigentes, lo que ha
implicado cambios radicales, como la emergencia de nuevas demandas que los
partidos políticos parecen incapaces de encauzar; planteamientos que las
organizaciones tradicionales no alcanzan a entender o interpretar, y mucho
menos a procesar con eficacia, ante los cuales, paradójicamente, suelen
reaccionar con prácticas obsoletas.
Lógicamente, uno de los
partidos políticos que más tiempo ha gobernado, pero también sometido al
desgaste natural de ese ejercicio en un contexto democrático, el Partido
Revolucionario Institucional, no es ajeno a dicho fenómeno.
Aún en el clima generado por la
victoria electoral del año pasado, el PRI está consciente de que en sus
actuales condiciones difícilmente podría mantener la racha de triunfos y servir
con eficacia a la sociedad; el partido sabe que está impelido a cambiar.
El contexto político actual
abre al PRI una ventana de oportunidad para ponerse al día y anticiparse; para
estar a la altura de las exigencias del país, para acometer una época
especialmente difícil de su historia; en una palabra, para transformarse.
Siguiendo la premisa planteada
por Jürgen Habermas, de que “las instituciones de la democracia deben ser
escenarios transparentes y abiertos al debate público si desean ser legítimos”,
el Revolucionario Institucional está desarrollando su XXI Asamblea. Una
consulta en la que han tomado parte más de 130 mil priistas de todo el país,
desde el 21 de enero; asamblea abierta a las redes sociales en las que se
recibieron más de 6 millones de visitas e intervinieron más de 20 mil
personas que respondieron y aportaron;
que consultaron otros casi 10 mil lectores.
Está claro que el PRI debe
hacer más sencilla, ágil y abierta su vida interna, para ser más eficaz; además
de actualizar su posición respecto a los grandes retos nacionales.
El partido está consciente de
que para ampliar las oportunidades de intervenir en la vida democrática, debe
abrir “candados” y ensanchar los espacios para la participación, no sólo de sus
militantes, sino de quienes simpatizan con sus postulados.
El lastre que el PRI ha tenido que
arrastrar, cuando algunos de quienes usando sus siglas se convirtieron en
autoridades pero fallaron en la encomienda, obliga al partido a vigilar y exigir a sus
militantes un desempeño apegado a la legalidad y el cumplimiento de sus
compromisos, por la vía de una recomendación legítima y enérgica, para enmendar
a tiempo.
El PRI, partido en el gobierno,
con toda convicción, está decidido a respaldar al Presidente surgido de sus
filas, pero está resuelto, sobre todo, a aliarse con la sociedad, que mayoritariamente
votó por ambos, para que las demandas ciudadanas se conviertan en iniciativas
de Ley y políticas públicas que las autoridades concreten.
En la XXI Asamblea, el priismo
ha acreditado voluntad y capacidad, sin arriar banderas; por ejemplo,
insistiendo en conseguir empleos mejor remunerados con un piso de protección y
seguridad social universal que reduzca la incertidumbre sobre la salud de las
familias; financiamiento público oportuno para el campo y dignificación de la
vida rural. El PRI pugna por una reforma hacendaria integral equitativa por
cuanto a los ingresos y responsable socialmente respecto a los egresos.
Una reforma energética para el
desarrollo, manteniendo la rectoría del estado, modernizando el sector para
aprovechar todo su potencial, garantizando que la explotación de los recursos
naturales beneficie a todos.
En el ámbito económico, generar
mayor competencia, evitar los monopolios y las prácticas monopólicas, para que
la población tenga acceso a productos y servicios con mayor calidad y a mejores
precios, particularmente en el sector de las telecomunicaciones; y, en otro
orden de ideas, agilizar la implementación del sistema de seguridad y justicia
garantista y transparente.
Éstos, y muchos más resultados
de la Asamblea, se convierten en una agenda audaz para estar a la altura del
reto histórico de esta generación de mexicanos que encabeza Enrique Peña Nieto,
con un liderazgo sostenido por los resultados.
El PRI tiene la actitud y la
aptitud para afrontar sus retos, y
demostrar que transformándose, contribuirá con la transformación de México.

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