México, D. f., enero 22 de 2013.- El estilo de gobernar de la nueva
administración federal, y la claridad con que enfoca la problemática económica
y social, empieza a destrabar los nudos políticos que habían hecho casi
imposible la toma de decisiones relevantes y el diseño de políticas públicas
que le urgían a México.
Los que formamos parte de los colegios
de economistas —de los estados de la República y el de la Federación, en
nuestra ciudad capital— veíamos con gran preocupación las perspectivas de
México, de haber continuado la lentitud e incapacidad de siquiera entender, en
toda su dimensión, las crisis que mantenían al país no sólo estancado, sino de
hecho retrocediendo en todos los indicadores de medición, que describían la
realidad económica y social en que vivían los mexicanos.
Además, no había forma de promover
respuestas de acción gubernamental por la decisión insistente de esos gobiernos
de rechazar la intervención del Estado en la economía. Era una cuestión de
ideología, casi religiosa. En cambio, el actual gobierno está abierto y negocia
con todas las partes que puedan ofrecer medidas exitosas.
Sin modificar su política presupuestal
—que es la que les podía haber dado la capacidad primaria de acción— era
evidente que las instancias gubernamentales tenían sus manos atadas.
En parte, por eso muchas recurrieron a
prácticas malsanas en su contratación de deuda pública.
Pero ahora se empieza a aclarar la bruma
en la ruta que podrá llevar a México a la muy necesaria, y muchas veces
planteada, reforma hacendaria, que deberá definir de dónde surgirán los
recursos presupuestales adicionales, así como su canalización para las
actividades prioritarias que pida la sociedad mexicana. También ahí se están
decantando las posibilidades.
Por ejemplo, es evidente que 50% de la
sociedad que no goza de una estructura de salud que le provea los servicios
médicos necesarios y que solo tiene acceso al Seguro Popular —creado por el
presidente Vicente Fox— mismo que está muy lejos de poder satisfacer las necesidades actuales,
por suelto como está e insuficientemente financiado como aún se encuentra.
¿Y qué de la masiva ola de adultos
mayores que vienen en camino, con la evolución esperada de la población en las
próximas décadas? Ellos también necesitarán atención médica y jubilaciones, así
como empleos, porque pueden seguir siendo muy útiles para la sociedad; México
invirtió mucho en ellos, por lo que tienen una variada gama de conocimientos y
capacidades a ofrecer por muchos años más, dada la creciente expectativa de
vida que ahora gozamos los mexicanos.
Luego también la estructura productiva
del país tiene segmentos en los que se ha concentrado la pobreza por defectos
en la operación del mercado, así como por la falta de políticas públicas que
puedan atenderlos. Un ejemplo claro es el segmento rural, donde el gobierno del
presidente Peña Nieto ya está enderezando esfuerzos para promover su productividad y mejorar su
calidad de vida.
Finalmente —y no menos importante— es la
reforma educativa que viene en proceso. Ya era urgente que el Estado mexicano
interviniera con decisión y con recursos para fortalecer su acción y corregir
los desvíos. México tiene la fortuna de contar con un inmenso número de
maestras y maestros en todos los niveles de la educación, quienes en su gran
proporción son dedicados y de alta capacidad, y que además tienen la costumbre
de estarse constantemente capacitando y ampliando sus conocimientos.
El problema más reciente ha sido la
confusión entre objetivos. Por un lado, atraía a algunos la lucha por el poder,
mientras que a otros, la inmensa mayoría, la misión de educar a la juventud.
Presidente
Nacional del Colegio
Nacional de
Economistas*
Jesús Alberto Cano Vélez (*)
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