miércoles, 16 de enero de 2013

DOCE AÑOS PROYECTANDO MAGIA DE ÁLAMOS

El trenecito de Álamos y su conductor Jobito son el
valor agregado que se suman a la amabilidad de
 un pueblo que transmite amor por la paz y el gozo
Jobito y su demandado trenecito

     ÁLAMOS, Sonora, enero 16 de 2013.-  Durante 12 años decenas de miles de personas se han dejado encantar por la mágica belleza de Álamos, desde los viajes del trenecito.

    Quienes año con año eligen como destino esta colonial población, reciben la gratificación esperada: un destino único en el mundo que ofrece en un espacio geográfico tan pequeño, la riqueza histórica más abundante, tranquilidad, hospitalidad y… ¡el trenecito!.

     El trenecito de Álamos y su conductor Jobito son el valor agregado que se suman a la amabilidad de un pueblo que transmite amor por la paz, el gozo de interactuar y aprender convierten la visita al lugar en una experiencia mágica!
El trenecito, parte de la
infraestructura turística
de servicios. Al fondo la
Parroquia, uno de los
monumentos históricos de
Álamos, Pueblo Mágico.

     Llegó como transporte turístico en Diciembre del año 2000 junto con el Milenio y con la declaratoria de Álamos zona de monumentos históricos, gracias a la insistencia de su entonces pequeño hijo de 4 años quien en su inocencia le pidió le concediera el deseo de tener un tren propio “como en el que se había paseado en el parque infantil de ciudad Obregón”.

    “Mi pasatiempo era la transformación de carros, a base de sacrificios había convertido un bochito en limousine nos dice Jacob”. “Por cuestión de mis escasos recursos y de la invención la construcción del trenecito me tomó 2 años, no puedo olvidar la sonrisa de mi pequeño cuando salimos a pasear en él, acompañados de un familiar fotógrafo que se vistió de Santa Claus. ¡Fueron muchos los niños que quisieron una fotografía en mi naciente vehículo y con papá Noel!, después vino la idea del transporte turístico que de inicio fue un sub-empleo, a doce ocupa todo mi tiempo y es el sagrado sustento de mi familia” nos dice.

    Álamos es un refugio extraordinario de vida que anida un centro histórico de más de 300 años de antigüedad en un territorio relativamente diminuto comparado con el de Navojoa o de cualquier otra ciudad de Sonora. En cuestión de minutos los turistas pueden disfrutarlo gracias a este ejemplar móvil, producto del ingenio de un alamense amable, jovial como su nombre: JOBITO, siempre dispuesto a dar la cara por su pueblo y por el recién llegado, porque eso si, gracias a la ubicación de su estacionamiento, es el primero en ser visto por el turista que llega a la Plaza de Armas.

    Los atractivos de Álamos son tan espectaculares que le han merecido reconocimientos nacionales e internacionales: el trenecito ha sido un gran salvoconducto para su difusión y disfrute.

    Nos confía Jacob: “He transportado gentes de todo tipo de estratos sociales, desde lo más humilde hasta celebridades. Algunas veces me acompañan gentes pobres como yo; en otras de repente me doy cuenta de que estamos rodeados por guardaespaldas (ya sea porque viene el gobernador, algún artista de cine o personas de un alto nivel social) ¡Pero lo más gratificante de todo es el aplauso del pasajero al terminar el recorrido! Recuerdo cómo todo el elenco de la telenovela La Fuerza del Destino venían a relajarse en sus descansos después de las filmaciones”.

    Las evocaciones se terminan porque JOBITO suena el imponente TÚ-TÚ de su locomotora, señal inequívoca de que el trenecito de Álamos inicia una nueva aventura.

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