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| Jesús Alberto Cano Velez |
Colegio
Nacional de Economistas, llevándonos a convocar, en los últimos tres años, a
una serie de asambleas regionales, conjuntamente con los colegios hermanos de
los estados, para analizar e indagar las causas de la pobreza, proponer
políticas públicas para eliminar sus procesos de generación y contagio y a
sugerir acciones sociales para atenuar sus efectos en las familias mexicanas.
Parte importante del problema proviene de los contagios que nos vienen de
la economía cada vez más global por el ejercicio de los agentes económicos que
actúan en ese mercado internacional.
Así, nos ha perjudicado la eliminación de normas que establecían límites a
la actuación de las instituciones financieras participantes en los mercados
mundiales, de manera que en ese ambiente la banca internacional, ambiciosa y
competitiva, fue contaminada por actuaciones anteriormente ilegales, perversas
y altamente dañinas.
El causante fundamental fue el abandono de la política regulatoria de la
Reserva Federal, que en aquellos tiempos comandaba Alan Greenspan, durante 18
años, fuertemente influidos por pensamientos neoliberales de “dejar hacer,
dejar pasar” a los participantes en el mercado global, guiado por sus propias
leyes y sin intervenciones gubernamentales.
También hemos evidenciado en estos tiempos la dificultad que los países
europeos han enfrentado por la instauración de su moneda única, el euro, y por
su falta de imprimir disciplina presupuestal en ese nuevo contexto monetario,
contaminando a sus vecinos con efectos nocivos en sus economías, igual que a
nuestros países.
En México, durante esos años tuvimos gobiernos que sólo buscaron poner
orden en las finanzas públicas y eliminar la inflación que tanto daño nos
estaba causando. Eso fue bueno y muy importante, pero resultó insuficiente para
resolver los problemas que se venían gestando en la economía mexicana, algunos
de los cuales se originaban en el exterior.
Por lo anterior, la actividad económica en México languideció —como en
ningún otro país latinoamericano— y nos arrojó tres décadas de crecimientos
mediocres, de alrededor de 2% promedio anual en el PIB. En consecuencia, el
desempleo creció de manera alarmante, especialmente en el mercado formal, así
como la pobreza. Pero la influencia externa fue tremenda en su contagio
ideológico y esos gobiernos se resistieron a aplicar las políticas públicas que
se requerían.
El cambio ideológico también nos vino del exterior. Apenas llegó un hombre
audaz, con un historial y antecedente racial diferente a la Presidencia de los
Estados Unidos, que se atrevió a romper los cánones del buen comportamiento en
sus políticas neoliberales y el mundo se convenció de que se podía actuar de
manera diferente —y a la vez— correctamente.
Intervino el Estado en la economía estadunidense para evitar que creciera
su grave crisis financiando directamente el gobierno federal a varias grandes
empresas que estaban al borde del colapso y las salvó, revirtiendo también la
tendencia recesiva creciente de la economía mundial.
Y en México tuvimos la fortuna de que arribó al poder un nuevo gobierno
joven e imaginativo, de un partido no contaminado con las ideas extremas
neoliberales y con un Presidente audaz y consciente de los peligros sociales de
continuar aquellas políticas sin atender el desempleo, la pobreza y el
crecimiento del mercado informal de trabajo, que tanto afecta los equilibrios
sociales de las familias pobres; por lo tanto, las cosas van que mejoran.
El futuro nos pinta mejor ahora; en las siguientes semanas el presidente
Enrique Peña Nieto lanzará la Cruzada Nacional contra el Hambre, que va
dirigida especialmente a los sectores más vulnerables de nuestro país que
fueron afectados por una política social de los últimos años no incluyente.
Presidente Nacional del Colegio Nacional de Economistas
Jesús Alberto Cano Vélez

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