lunes, 30 de enero de 2012

LOS JOSEFINOS DE CLÓSET Y LA POLÍTICA BARROCA

Bulmaro Pacheco, diputado local.
Por: Lic. Bulmaro Por  Lic. Bulmaro Pacheco

      HERMOSILLO, Sonora, enero 30 de 2012.- “Que no le hagan a los valientes los diputados locales del PRI, que así de  abultados son los expedientes que tenemos de ellos para utilizarlos en cualquier circunstancia”, “Tenemos mucha información sobre todos ellos” para cuando se necesite”, afirmaba sin mayor rubor el funcionario estatal.

Era el entonces secretario técnico de Gobierno Roberto Romero, quien ante algunos directivos de medios de comunicación y sin necesidad aparente levantaba las dos manos para tratar de expresar un cuadro imaginario como de tamaño regular, queriendo dar la idea de un volumen mayor de documentación que presumiblemente contenían los expedientes políticos, dotados de la información derivada del espionaje gubernamental sobre los legisladores aliancistas y se ponía rudo, con algunos diputados por allá a principios del sexenio padrecista.

Al rato empezaron las auditorías, las filtraciones de información, las notificaciones de la Contraloría y otras expresiones de poder en contra de quienes desde el gobierno, principalmente ex funcionarios o sus parientes, se les identificaba como “non gratos” para el régimen.

Desde entonces se advertía que al personaje en mención se le habían encomendado algunas tareas políticas -al costo político de marginar y arrumbar al anterior secretario de Gobierno-, con un poder de decisión aún mayor al que habían tenido por su cercanía con el ejecutivo sus recordados antecesores inmediatos desde que la secretaría técnica se creó, para ubicar ahí a personajes de extrema cercanía con el Ejecutivo en turno.

Fue en la campaña del 2009, su principal operador financiero.

El que identificaba áreas de oportunidad electoral para comprar lo que fuera; A tránsfugas del PRI para oponerlos y dividir al partido, lealtades de dirigencias comprometidas con otras fuerzas,y espacios de participación en la casilla, a la hora de celebrarse la votación.

En los hechos y ya en el gobierno, Romero actuaba como una especie de secretario de Gobierno alterno.

Le encargaron lo del acueducto Independencia, con los resultados ya muy vistos; se metió a elaborar las listas de candidaturas principalmente en el sur, donde al parecer están sus verdaderos intereses políticos y económicos.

Se encargaba de la política ruda y de confrontación con los presidentes municipales de la Alianza a la hora de convocar apoyos al gobierno, defendía políticamente a los funcionarios acusados de malos manejos haciéndoles saber a sus acusadores que ¡Cuidado! porque contaban con su apoyo y así nada prosperaría en contra de los suyos en las instancias de control y justicia del gobierno estatal.

Hacía política con los medios de comunicación a la hora de apoyar la defensa de los principales programas de gobierno y como director de asuntos de gobierno del comité estatal del PAN se metió de lleno al apoyo de las campañas panistas en otros estados, y la promoción de funcionarios estatales en actividades partidistas en medios y regiones específicas.

Se encargó de elaborar las líneas de defensa del gobierno para demostrar que quienes los criticaban solo eran los “ardidos” que no superaban todavía la derrota, o que solo se trataba de “exabruptos de quienes practicaban una política “barroca”(sic) ¿por antigua o por la expresión cultural del mismo.?

Sus antecedentes políticos no eran muy amplios: Con una licenciatura en Finanzas por el Tecnológico de Monterrey, coordinó algunos aspectos de la campaña de Ramón Corral en 2003, y coordinó la campaña de Guillermo Padrés en 2009 concentrando su estrategia en el sur de la entidad.

Antes operó con Enrique Martínez en alguna dirección de la comisión del agua en Hermosillo durante el trienio de María Dolores del Río, 2003-2006.

Ahora Romero está en el ojo del huracán por la grabación que se ha dado a conocer donde amenaza a servidores públicos estatales de San Luis Río Colorado de correrlos si no jalan con el proyecto de su jefe, de apoyar a Ernesto Cordero en su búsqueda de la candidatura panista que habrá de definirse en primera instancia el 5 de febrero; donde todo indica que ya nadie para a Josefina Vásquez Mota.

Su intento de deslinde no tiene sentido y cae por su propio peso: “sí es cierta -la grabación- reconoce, pero fue sacada de contexto”(sic), y ratifica que “No era secretario de Gobierno cuando se realizó la grabación”, como si eso lo eximiera de alguna responsabilidad.

El llamado Romero-Gate alcanzó dimensión nacional y se coló en los principales medios de comunicación.

Llegó incluso a denuncia de los aspirantes a la candidatura Josefina Vásquez Mota y Santiago Creel ante el comité nacional de elecciones porque compromete al gobernador de Sonora, al presidente Felipe Calderón “quien se ha brincado las trancas para apoyar a Sonora” y al aspirante Ernesto Cordero.

En Sonora, como todo tratamiento a este tipo de comportamientos y escándalos de parte de funcionarios del gobierno estatal... adivinó usted, ¡no pasa nada!. Ni autocrítica ni reconocimiento. Todo normal, llegando al extremo del cinismo y la indolencia de que al funcionario señalado, hasta se le alabe por su “valentía” (sic) y su “lealtad política” (resic).

El gobernador Guillermo Padrés primero contestó evasivo sobre el caso: “que le preguntaran al implicado dijo”: “pregúntenle a él” fue su respuesta. Después hizo otra declaración donde la manifestaba su “apoyo”, y colorín colorado.

El gobierno operó en los medios para que el asunto no pasara a mayores. La diputación priísta en el congreso de la unión acordó presentar el caso ante la fiscalía especial para delitos electorales (Fepade) a iniciativa de los diputados León Perea, Mariscales y Pompa Corella.

La autoridad política y moral de Romero ha quedado seriamente cuestionada y dañada a menos de 15 días de haber rendido protesta como secretario de Gobierno, y eso sin duda lo afectará en el desempeño del cargo.

Aquí no existe descarga para culpar al pasado, o a los “enemigos del progreso” del affaire. Se trata del auténtico sello de la casa: fuego amigo y conflictos internos entre panistas aderezados por el auténtico desaire por las formas  y mucha soberbia, excesos en la operación de la política partidista utilizando la nómina del gobierno y un desprecio total por el Estado de derecho.

“Estamos viendo en el PAN cosas y comportamientos mucho peores que las que les criticábamos al PRI en el pasado”, sostiene una destacada panista, cuando se queja de la cerrazón del Ejecutivo estatal ante las expresiones de proselitismo de los equipos de Creel y Vásquez Mota.

Fue la propia Josefina Vásquez Mota, la aspirante a candidata del PAN a la presidencia de la República la que usó el términos “Josefinos de Clóset” (o ropero) en su reciente visita a Hermosillo para darnos a entender que aún cuando contaba con un grupo numeroso de simpatizantes en Sonora, muchos no quisieron exponerse a que los corrieran de sus empleos y que  los ficharan y persiguieran, y por eso no acudieron a sus actividades proselitistas a excepción de la diputada Dolores del Río junto con Ramón Corral, Casimiro Navarro y Gustavo de Unanue.

A menos de dos semanas, Romero no tardó en darle la razón a Josefina. Son muchos los simpatizantes panistas que Josefina tiene en Sonora, pero ante amenazas previas como las de Romero decidieron mejor mantenerse en el “ropero”, y esperar el día de la votación para mostrar su verdadera inclinación.

Los panistas de nuevo y viejo cuño, en privado manifiestan su inconformidad con el gobernador del Estado por provocar vergonzosos y humillantes vacíos en los eventos de la primera mujer que aspira a ser candidata del PAN.

En el equipo de Josefina registran signos preocupantes desde que la quisieron forzar a aceptar la candidatura al gobierno del Estado de México, posteriormente los ataques despiadados de Cordero contra ella en los debates, el intento de llevar a cabo la famosa encuesta “indicativa” que llevaba como propósito bajar a Santiago Creel de la carrera para dejarla entre dos; y ahora el discutible desplazamiento de los panistas de base del Distrito Federal, que sin chistar aceptaron la decisión presidencial de imponer como candidata al gobierno del Distrito Federal a Isabel Miranda de Wallace, una respetable activista social sin pizca de experiencia partidista, que a juicio del gobierno habrá de levantar la votación a favor del PAN en una región donde ha sido desplazado por el PRD.

No hay que perder de vista que las decisiones de carácter electoral se dan en un contexto muy especial y con un presidente de la República de formación y origen panista que le entiende muy bien al trabajo de partido.

Felipe Calderón ha operado desde el principio dirigiendo los movimientos del liderazgo nacional del PAN,de los coordinadores en el congreso de la unión,la selección de candidatos a gobernadores,su propia sucesión tratando de influir tanto en su propio partido como en el resto de los partidos utilizando la información que tiene el gobierno (el moreirazo) y la reorientación de la política económica y social del gobierno hacia objetivos electorales. Felipe Calderón sí sabe de partidos y elecciones y ha operado en su sexenio,eso lo registran puntualmente quienes temen a una elección de estado.

Porque hay todavía quienes insisten comparar el 2012 con el 2006 alegando que el puntero del PRD superaba por mucho al aspirante del PAN y que la historia-y el desenlace se pudieran repetir.

Está difícil, porque en primer lugar Calderón no es Fox, Cordero no es Calderón y Josefina no es Creel. Peña Nieto tampoco es López Obrador, y lo que entonces sucedió ha sido puntualmente registrado por los candidatos para no volver a repetir los mismos errores,cuando menos así se observa.

Va a ser muy difícil, prácticamente se antoja imposible que Ernesto Cordero pueda ganar la interna panista del próximo 5 de febrero. Necesitarían imponerlo a sangre y fuego, con muy altos costos políticos para el panismo.

Ni las encuestas abiertas a la población ni las cerradas a militantes y adherentes del PAN le dan una mínima probabilidad, y Josefina cada vez se despega más en estos sondeos de Creel y Cordero.

La historia del 2006 pudiera repetirse en el sentido de que el candidato (o candidata) no sea el favorito del Presidente, y ahí estará el verdadero dilema: Felipe Calderón tendrá que apoyar y conciliar con Josefina Vásquez Mota y buscarle una salida política a Ernesto Cordero para conciliar corrientes y grupos y tratar de garantizar un mínimo de unidad en el panismo de cara a la elección.

No hay que olvidar que en julio no solo se vota la posibilidad de que el PRI regrese a la presidencia.

La elección será un juicio ciudadano sobre 12 años de gobiernos panistas que no cumplieron con el cambio ofrecido. Ahí se encierra el verdadero dilema, y por eso las obsesiones.

La contienda se pondrá entonces mas interesante y con una mujer por primera vez de candidata en el PAN, desde que en 1952 por primera vez en su historia, el PAN postulara candidato presidencial a Efraín González Luna.

En las sucesivas elecciones presidenciales los candidatos del PAN a la presidencia de la República fueron; Luis H. Alvarez (1958), José González Torres (1964), Efraín González Morfín (1970), en 1976 no postularon candidato presidencial por conflictos internos volviendo después con Pablo Emilio Madero (1982), Manuel J. Clouthier (1988), Diego Fernández de Cevallos (1994), Vicente Fox (2000) y Felipe Calderón (2006).

La hora de la verdad en el PAN parece haber llegado y al igual que en el pasado inmediato, la pregunta es: ¿Ganarán los auténticos panistas o el presidente de la República? No tendremos que ir muy lejos por la respuesta.

bulmarop@gmail.com

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