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| Carlos Moncada Ochoa |
Por Carlos Moncada Ochoa
Publicada el día 2011-10-27
HERMOSILLO, Sonora.- Lo hubieran hecho hace tres semanas. Pero más vale tarde que nunca. Como no se pusieron de acuerdo los diputados, el Tribunal Federal Electoral resolvió nombrar por su cuenta a los dos consejeros propietarios y los dos suplentes de nuestro Consejo Estatal Electoral, el próximo 2 de noviembre.
Ya anduvieron por allá, en las oficinas del TRIFE, representantes del PAN haciendo lo que llaman los litigantes “alegatos de oreja”, es decir, no confían en que sus escritos sean convincentes y se acercan a los magistrados a hacerles plática sobre el asunto. Esos alegatos de oreja a veces pegan y el resultado es bueno para el que litiga, pero a veces el de los alegatos cae gordo y la maniobra le sale contraproducente. A ver cómo les va a los panistas.
El Tribunal Federal, como es la última instancia y sus resoluciones son definitivas, se puede dar el lujo de innovar procedimientos que no están previstos detalladamente en la ley. De modo que si la forma de arreglar el problema es echar algunos volados, así lo hará.
Como se sabe, al quedar integrado el CEE con sus cinco propietarios y sus cuatro suplentes, dejará la presidencia Fermín Chávez Peñúñuri que fue elegido en forma interina, y los cinco se pondrán de acuerdo para nombrar al que presidirá durante dos procesos electorales.
Bajo la responsabilidad de don Fermín circuló ayer en los medios un boletín en el que anuncia que el Consejo será respetuoso de lo que decida el Tribunal Federal. Este tipo de declaraciones son siempre divertidas. ¿Qué remedio les queda sino ajustarse a la resolución del máximo tribunal electoral? Que respeten la resolución no es un acto generoso sino, como dicen los secundarianos, “a forciori”.
Para los ciudadanos, cualesquiera que sean los favorecidos con los nombramientos, será un descanso doblar la hoja sobre un asunto latoso. Que sirva de elección para que los ciudadanos pugnen para elegir al mayor número de diputados locales de un solo partido, para que surjan las votaciones mayoritarias. Ojalá.
Cómo escoger candidatos al Senado
Los aspirantes al Senado son en esta ocasión más numerosos que nunca. Supongo que muchos se preguntarán cómo y por quién inclinar la balanza. No es esto tan fácil como cuando se trata de candidatos a gobernador y presidentes municipales, porque éstos pueden prometer cosas concretas, construir esto o aquello.
Pero la tarea del senador es legislar y el camino para convencer es hablar de sus logros en otros cargos públicos y de promover leyes que pueden resolver cuestiones específicas. Esta última promesa resulta débil pues la aprobación de una ley no depende del que promete, sino de todos los miembros del Senado, o de la mayoría cuando menos.
Mi procedimiento para dirigir mis simpatías a este o aquel candidato consiste en recordar que todos los que quieren ser senadores es porque se lanzarán dentro de tres años en pos de la candidatura a gobernador. De modo que escojo un candidato y me lo imagino de gobernador, y si siento que la idea es positiva, votaré por él. Pero si, por el contrario, me pongo “chinito” al ver a ese aspirante como gobernador dentro de tres años, lo tacho inmediatamente de mis preferencias.
Por ejemplo, me parece absurdo que José Inés Palafox sea gobernador; en consecuencia, aconsejo que no se le deje llegar a senador. Y hay otro ejemplo, por ahí. Luego les digo.

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