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| Carlos Moncada Ochoa |
Por Carlos Moncada Ochoa
Publicada el día 2011-10-29
HERMOSILLO, Sonora, octubre 29 de 2011.- No creo exagerar si afirmo que somos millones los mexicanos que hemos soñado en que un día nuestro país sea gobernado por la izquierda, aunque somos también millones los mexicanos que nos hemos decepcionado al comprobar con qué empeño la propia izquierda aleja esa posibilidad.
Para no elucubrar en los sucesos nacionales, y puesto que la simpatía o la antipatía hacia los partidos comienza por la comunidad en la que uno vive, recordaré que en Sonora surgió una firme esperanza para la izquierda en 1997; el PRD ganó 9 diputaciones locales, una menos que el PAN y cerca de las 14 del PRI. Fue el momento estelar del partido del sol azteca, pero en lugar de seguir subiendo, a partir de 2000 comenzó a declinar.
En la última elección no ganaron una sola diputación. Las dos que tienen se las donaron por la vía plurinominal. Y los beneficiarios las aprovechan para hacer añicos la confianza que algunos mantenían en el PRD.
La primera vez que le escuché decir a José Guadalupe Curiel que el gobernador Padrés es “humilde”, creí no haber oído bien. Fue en un programa de Telemax, donde supuestamente habría debate. De “humilde”, lo calificó. ¡Increíble! El hecho me sirvió para observar con más atención lo que pasaba en el Congreso.
A estas horas, es un secreto a voces que los dos diputados perredistas están entregados al gobernador del Estado. Pero una cosa es oírlo decir y otra, más impactante, estar presentes cuando muestran sin el mínimo pudor su adhesión al jefe del PAN (Padrés, no Valencia). Como si Curiel estuviera sordo a las inconformidades de los sonorenses del sur, su tierra, en las comparecencias de esta semana pasó por alto las graves irregularidades que se han cometido en el programa de obras hidráulicas, y preguntó cualquier cosa al secretario de Infraestructura y al responsable de la Comisión del Agua (estatal), y acató su compromiso con la derecha.
Por su parte, la diputada Gorgonia Rosas hizo tal elogio del secretario de Infraestructura y del gobernador, que dejó pequeñas las loas que habían hecho los diputados panistas. “Se necesita estar ciego para no ver la gran obra que está haciendo el gobierno”, dijo la señora, indigna de ostentarse como miembro de la izquierda.
¿Están vendidos estos dos diputados al gobierno? Todo parece indicar que sí, porque si el gobierno ha comprado tantos periodistas, ¿por qué no a dos modestos legisladores? Pero no soy agente del Ministerio Público ni detective para presentar pruebas. Soy periodista y expongo los sucesos que me constan y que constan a muchos.
Por otra parte, los ciudadanos creen que cuando un político se vende es porque recoge un cheque ajeno al de sus dietas con periodicidad. Esto no siempre es necesariamente así porque se lo pueden depositar en su cuenta bancaria. Además, las convicciones no se venden solamente por dinero. A veces se intercambian por influencias necesarias para obtener una mejor posición política o hacer un negocio.
Pero ¿a qué posición pueden aspirar Curiel y Rosas el año próximo, cuando terminarán el trienio? Es inimaginable que se arriesguen a buscar un cargo de elección popular, a menos que se agreguen a quienes sueñan en el Senado, pues hoy en día cualquiera se inscribe en esa lista de aspirantes. Supongo que el gobernador podría pagarles sus servicios, en el supuesto de que no se los esté pagando ya, con un cargo administrativo. Tendrían una situación difícil porque los panistas empleados en esta administración sólo admiten a sus colegas de ideología. En fin, tal vez me preocupo sin base por ellos, pues lo más probable es que estén haciendo ahorritos para enfrentarse a lo que venga. No hay como ser prevenido.

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