CONTRA LA
POBREZA Y EL HAMBRE…LIBERTAD
Ricardo
Valenzuela
“No por la
benevolencia del carnicero, panadero o del leche
ro es que tengo la cena sobre
mi mesa. Sino por su ambición
para obtener una ganancia y siguiendo ese
personal objetivo
sin proponérselo están beneficiando a la comunidad”.
Adam Smith.
“La Riqueza de las Naciones”.
Hace unos días el presidente Peña Nieto
elocuentemente anunció la nueva guerra contra el hambre. La notificación me ha
dejado con escalofríos. Desde que tengo uso de razón he venido escuchando
declaratorias de guerra contra la pobreza y el hambre de parte de todos los
gobiernos del mundo. Sin embargo, en el campo de batalla, después que el humo
de los cientos de billones disparados en la cruzada se desvanece, los pobres
continúan pobres, hambrientos y multiplicándose.
La lucha de los gobiernos contra el hambre
y la pobreza, es un excelente negocio para los políticos y asociados. Produce
infinidad de posiciones para burócratas en donde circulan miles de millones. Yo
pregunto ¿Es responsabilidad del Estado acabar con la pobreza, o, el estado es
el causante de tanta pobreza? Un gobierno que asume la responsabilidad de
alimentar a su población porque tiene hambre, es algo realmente trágico y yo
identificaría el problema para describir un Estado, que debe ser un estado de
derecho y no de bienestar, en un estado fallido.
El que el presidente hiciera una fastuosa
convocatoria nacional para combatir el hambre, es una verdadera vergüenza.
¿Cómo es posible que después de 200 años de vida independiente todavía haya en
México gente muriéndose de hambre? Hay algo más profundo que el simple hecho de
un presidente que pretende convertirse en benevolente panadero, lechero,
carnicero y alimentar a sus súbditos. ¿Cuál es la causa de esta vergüenza que
ahora provoca más engordamiento del estado de bienestar?
Uno de los graves problemas desarrollados
en el siglo pasado, fue el de gobiernos guerreros en contra de la pobreza. Sin
embargo, con una miope visión concentraron sus esfuerzos en su “repartición
equitativa” sin preocuparse de cómo se debía de crear. Los gobiernos no son
fuentes de riqueza, son parásitos que la consumen y disponen de la producida
por individuos. Si realmente estamos preocupados por el bienestar de los
miembros desprotegidos de nuestra sociedad, es hora de que entendamos lo que
realmente crea esa riqueza antes de gritar; ¡redistribución!
Hay infinidad de teorías, pero cualquier
gente razonable entenderá que, para lograr ese ansiado bienestar se requiere
motivación, autodisciplina, auto respeto, honestidad y respeto para nuestros
semejantes. Pero todos estos atributos, son inservibles si a nivel sociedad no
tenemos libertad para comerciar, un respeto holístico de la propiedad privada,
una santidad en el cumplimiento de los contratos y, sobre todo, protección a mi
derecho de lograr una ganancia lícita. Sin embargo, estas instituciones que
permiten la creación de riqueza, son los blancos principales de los gobiernos
ineptos y tiranos.
En México no entendemos el papel de la
propiedad privada. La propiedad privada crea un poderoso incentivo para adoptar
conductas de responsabilidad social. Es por ello que hasta los más humildes
propietarios de sus viviendas las cuidan de forma especial. Cualquier acción en
contra de los derechos de propiedad como expropiaciones, altos impuestos,
reduce dramáticamente los incentivos para desarrollar esas conductas
socialmente responsables.
Hace unos días Axel Kaiser, Director
Ejecutivo de la Fundación para el Progreso, publicó un interesante artículo al
respecto con el cual coincido 100% y afirma:
“Usted lo ha oído mil veces: los pobres no
pueden salir adelante por sus propios medios, por lo tanto, requieren de todo
tipo de subsidios, ayudas, tutelas del estado y hasta alimentación. Este es el
clásico discurso de la izquierda. También es, lamentablemente, el discurso que caracteriza
a sectores vinculados a la iglesia católica, que todavía actúan como si hubiera
per se algo de bueno en ser pobre y algo pecaminoso en ser rico.
Estos
grupos tienden a exaltar la pobreza cayendo en una lógica de víctimas y
victimarios. Con buenas intenciones insisten en fórmulas estatistas de probada
ineficacia para atacar la pobreza, como son el aumento del salario mínimo,
mayores impuestos y más redistribución.”
La idea de que los pobres no pueden ser
arquitectos de su propio destino, no solo se basa sobre una arrogante
pretensión de superioridad intelectual y moral, es totalmente falsa. Antes de
la revolución industrial, el 99.9% de la población mundial vivía en condiciones
que hoy consideramos de extrema miseria. Nuestros antepasados eran todos
pobres. Si la pobreza determinara la incapacidad para salir de ella, entonces
¿cómo se explica la riqueza creada en los últimos 250 años? Por lógica, si los
pobres no pudieran crear riqueza, todos debiéramos seguir siendo pobres.
El impresionante incremento de la calidad
de vida de la humanidad, surgió de la creatividad y empuje de los pobres del
pasado actuando en libertad. Ellos nada recibieron del estado para crear toda
esa riqueza, más que libertad para hacerlo. Lo mismo estamos atestiguando en las
revoluciones económicas liberales en Asia. Han liberado a cientos de millones
de la pobreza y no como producto de la redistribución de los gobiernos. Al
contrario. Es el resultado de una inteligente retirada de los viejos esquemas
socialistas e intervencionistas abriendo espacios a la libertad y creatividad
de los pobres.
Según el cálculo de Hernando de Soto en El
misterio del capital, los pobres del mundo han logrado acumular capital por
una cifra superior al valor de todas las empresas listadas en la bolsa de
valores de los veinte países más desarrollados del mundo.
No es falta de capacidad. El problema es
otro: el ideologismo e ignorancia que impide entender las fuerzas del espíritu
humano responsables de la creación de riqueza, y que se encuentran igualmente
presentes en todos los sectores de la sociedad esperando ser liberadas. El
llamado Otro Sendero de Hernando de Soto, son los millones de humildes
empresarios que, al no tener los medios para lidiar con la corrupción de la
burocracia y los candados del estado, han descendido a las catacumbas de la
informalidad para zafarse de permisos, mordidas, licencias, inspecciones,
regulaciones.
Si esos pobres, al huir de la rapacidad de
la burocracia y actuando en los subterráneos, han sido capaces de crear esa riqueza,
Presidente Peña Nieto, imagínese lo que podrían hacer en un ambiente de
libertad y seguridad. Le propongo un experimento Presidente, establecer una
ciudad libre, estilo Hong Kong, en la región más paupérrima del país y le
aseguro que, al ver los resultados, usted mismo las empezaría a promover por
todo el territorio nacional.
Sí, vamos dándole de comer al hambriento,
pero también hay otros hambrientos, los hambrientos de libertad. Vamos
dándoselas Presidente, para lavar esa vergüenza de tener un país donde su gente
ni siquiera puede comer.
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